Trágica muerte
Padre e hija unidos en una misma lucha contra la
dictadura
María Victoria Walsh, hija del
periodista y militante argentino Rodolfo Walsh, falleció en el año 1976 en
medio de un enfrentamiento con el
Ejército.
Nació en 1950 y a los pocos años se mudó
a La Plata, provincia de Buenos Aires, donde vivió toda su infancia. Era
considerada una gran alumna en la escuela, por sus altas calificaciones. Al
notarse esta superioridad sobre el resto de sus compañeros, pasa de sexto grado
a segundo año de la secundaria.
Tanto Victoria como Rodolfo Walsh, eran
militantes del grupo montonero que se había fundado en el año 1970 y estaban en
contra de la dictadura militar que se había producido en Argentina. “Vicki”
había iniciado en la agrupación a la edad de 22 años por influencia de su padre
que había comenzado en 1973. Ella sabía perfectamente en la dura lucha en la
que se había involucrado. Walsh afirma que, "Sabía perfectamente que en
una guerra de esas características, el pecado no era hablar, sino caer. Llevaba
siempre encima la pastilla de cianuro...". Cada miembro de esta
agrupación, llevaba en su bolsillo esta pastilla, en el caso de que estuviesen
rodeados por los militares y no pudiesen hacer nada más que acabar con sus
vidas para no tener que sufrir las torturas que les esperaban si los capturaban
vivos.
Cuando acababa de cumplir 22 años,
ingresó al diario La Opinión, en el cual, al cabo de unos pocos meses en
convirtió en una gran periodista, tomaba decisiones firmes y claras en la
empresa. Sin embargo, a medida que fue pasando el tiempo, se dio cuenta de que
en realidad no era su vocación. En el tiempo en que se desempeñó como
periodista, fue elegida delegada sindical por sus compañeros, y se enfrentó en
varias oportunidades con el director del diario, Jacobo Timerman, hasta el
momento en que él denunció a varios de sus empleados como que eran
guerrilleros. Este conflicto fue crucial para que María Victoria abandonara su
trabajo de forma abrupta.
Luego de conocer lo que su padre hacía,
comenzó a militar en una villa, y a partir de entonces, cambió rotundamente. Se
involucró no solo en la villa en la que había comenzado, sino en otras más a lo
largo de los años. Sin embargó combatía con el nombre de la primera villa. En
1975, Emiliano Costa, el entonces marido de Victoria, el cual había conocido
cuando trabajaba en La Opinión, es detenido y desaparece. En medio del dolor
por su desaparición, nace la hija de ambos.
Esto motivó, de alguna manera a que se
comprometiera aún más en la militancia día a día, y junto con otros militantes,
comenzaran a adquirir más fuerza en cada enfrentamiento que tenían con las
fuerzas del Ejército de aquella dictadura militar. A su vez, provocó que fuera
perdiendo el contacto con sus padres, ya que ella se encontraba militando en la
villa todo el día. Rodolfo cuenta: “Nos veíamos una vez por semana, cada quince
días. Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quizá diez minutos en el
banco de una plaza. Hacíamos planes para vivir juntos, para tener una casa
donde hablar, recordar, estar juntos en silencio”.
A medida que pasaban las horas y últimas
semanas antes de su muerte, cada vez se iban cobrando más vidas de jóvenes que
militaban en Los Montoneros, varios de ellos eran sus amigos, pero a pesar de
las pérdidas, ella no podía bajar los brazos, porque eso significaría que se
rendía ante el gobierno de facto.
El día anterior a su muerte, el 28 de de
septiembre cuando era su cumpleaños número 26, Victoria, junto con su hija de
apenas 1 año y 2 meses a la cual no había podido dejarla con alguien más,
fueron a una casa que estaba ubicada en la calle Corro n° 105 barrio de
Floresta en Capital Federal, donde tenían una reunión y se quedaron a dormir.
Los militares habían hecho
investigaciones y descubrieron que en aquella casa se organizaban reuniones. A
las siete de la mañana del 29 de septiembre, comenzaron a escucharse en el
tranquilo barrio porteño, el ruido de camiones, autos, helicópteros y un tanque
de guerra, repletos de militares que con sus altavoces despertaron a todos los
vecinos que se encontraban durmiendo y alertando
a los militantes que se encontraban en la casa donde estaba Victoria.
Habían rodeado toda la manzana. Los
soldados se posicionaron frente a esta casa, amenazando que si no salían con
las manos en alto iban a abrir fuego. En la casa se encontraban los integrantes
del Secretariado Nacional montonero, además de Victoria Walsh y su hija,
Alberto José Molinas Benuzzi, “Secretario Político”, José Carlos Coronel, jefe
de la “Secretaría Sindical”, Ignacio José Bertrán, “Oficial Primero de la
organización Montoneros” e Ismael Salame, jefe del “Departamento Territorial-
estudiantil de la Secretaría Política”.
Los montoneros aturdidos por lo que
estaba sucediendo en aquel momento, se negaron a entregarse y comenzaron a
disparar, Coronel, Beltrán y Salame lo hacían desde la planta baja, Victoria y
Alberto subieron a la terraza y descargaban sus metralletas contra los soldados. Este
combate duró casi dos horas, en el que de a poco, los militares fueron
reduciendo las amenazas, hasta que quedaban solo Victoria y Alberto en la parte
más alta de la casa.
“Vicki”, sin borrar su sonrisa,
continuaba disparando a los combatientes, que en primera medida, querían
capturar a los militantes con vida y así poder someterlos a extensos
interrogatorios sobre la agrupación, descubrir a los máximos líderes y poder exterminarlos a todos
ellos, para continuar con la dictadura de forma tranquila, limitando las
libertades de todo ciudadano que se opusiera
a este gobierno de facto, torturando y llevando a la muerte en muchas
situaciones, en el caso de que no pudiesen “insertarlos” nuevamente a la
sociedad.
En un momento, casi las 8 y 30 de la
mañana de aquel día, los soldados dejaron de disparar al instante en que
Victoria dejó también de hacerlo y
pudieron verla. Se encontraba con un camisón y en voz alta pero muy
tranquila, declara un soldado del Ejército que estaba atacando: “Milicos
ustedes no nos van a atrapar, ustedes no nos matan. Nosotros elegimos morir” y
segundos después de pronunciar estas palabras, ambos se llevaron la pistola a
la cabeza y se dispararon. Minutos más tarde, el Coronel y los militares
ingresaron y lanzaron en la planta baja dos granadas para asegurarse que de no
haya peligro y un montonero pudiera atacarlos. Al entrar encontraron a los 5
integrantes que yacían muerto en el piso y a la hija de Victoria, sentada en la
cama.
Rodolfo Walsh, un día después de la
muerte de su hija, escribió “Carta a Vicki”, en la que expresaba su dolor y de
la manera en la que se había entrado a través de un comunicado, pero que tanto
él como su madre estaban orgullosos de todo lo que había logrado en su vida.
Además, luego de tres meses de este triste suceso, redactó otra carta llamada
“Carta a mis amigos”, contando acerca de la vida de Victoria y sus últimas
horas.
Ella estaba dispuesta a hacer todo para
lograr ser escuchaba a pesar de la represión que se sufría en esos años. Al
cabo de unos días, en la casa donde había ocurrido la tragedia, apareció
pintado el frente, “Aquí murieron cinco héroes montoneros”. Al pasar los años,
fueron homenajeados en diferentes lugares, siempre recordando que a pesar de
que las fuerzas armadas en algún momento iban a vencerlos, nunca dejaron de
resistir hasta el último segundo.

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