domingo, 29 de noviembre de 2015

 Trágica muerte

Padre e hija unidos en una misma lucha contra la dictadura 

 María Victoria Walsh, hija del periodista y militante argentino Rodolfo Walsh, falleció en el año 1976 en medio de un  enfrentamiento con el Ejército.



 Un día después de cumplir 26 años, Victoria Walsh muere el 29 de septiembre 1976, luego de enfrentarse al Ejército en el marco de una dictadura militar que había comenzado el 24 de marzo de ese mismo año. Victoria al estar  rodeada por los militares, decidió terminar con su vida, al igual que lo hizo su novio, Alberto Molina. Ella era oficial 2° de la organización Montoneros.
Nació en 1950 y a los pocos años se mudó a La Plata, provincia de Buenos Aires, donde vivió toda su infancia. Era considerada una gran alumna en la escuela, por sus altas calificaciones. Al notarse esta superioridad sobre el resto de sus compañeros, pasa de sexto grado a segundo año de la secundaria.
Tanto Victoria como Rodolfo Walsh, eran militantes del grupo montonero que se había fundado en el año 1970 y estaban en contra de la dictadura militar que se había producido en Argentina. “Vicki” había iniciado en la agrupación a la edad de 22 años por influencia de su padre que había comenzado en 1973. Ella sabía perfectamente en la dura lucha en la que se había involucrado. Walsh afirma que, "Sabía perfectamente que en una guerra de esas características, el pecado no era hablar, sino caer. Llevaba siempre encima la pastilla de cianuro...". Cada miembro de esta agrupación, llevaba en su bolsillo esta pastilla, en el caso de que estuviesen rodeados por los militares y no pudiesen hacer nada más que acabar con sus vidas para no tener que sufrir las torturas que les esperaban si los capturaban vivos.
Cuando acababa de cumplir 22 años, ingresó al diario La Opinión, en el cual, al cabo de unos pocos meses en convirtió en una gran periodista, tomaba decisiones firmes y claras en la empresa. Sin embargo, a medida que fue pasando el tiempo, se dio cuenta de que en realidad no era su vocación. En el tiempo en que se desempeñó como periodista, fue elegida delegada sindical por sus compañeros, y se enfrentó en varias oportunidades con el director del diario, Jacobo Timerman, hasta el momento en que él denunció a varios de sus empleados como que eran guerrilleros. Este conflicto fue crucial para que María Victoria abandonara su trabajo de forma abrupta.
Luego de conocer lo que su padre hacía, comenzó a militar en una villa, y a partir de entonces, cambió rotundamente. Se involucró no solo en la villa en la que había comenzado, sino en otras más a lo largo de los años. Sin embargó combatía con el nombre de la primera villa. En 1975, Emiliano Costa, el entonces marido de Victoria, el cual había conocido cuando trabajaba en La Opinión, es detenido y desaparece. En medio del dolor por su desaparición, nace la hija de ambos.
Esto motivó, de alguna manera a que se comprometiera aún más en la militancia día a día, y junto con otros militantes, comenzaran a adquirir más fuerza en cada enfrentamiento que tenían con las fuerzas del Ejército de aquella dictadura militar. A su vez, provocó que fuera perdiendo el contacto con sus padres, ya que ella se encontraba militando en la villa todo el día. Rodolfo cuenta: “Nos veíamos una vez por semana, cada quince días. Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quizá diez minutos en el banco de una plaza. Hacíamos planes para vivir juntos, para tener una casa donde hablar, recordar, estar juntos en silencio”.
A medida que pasaban las horas y últimas semanas antes de su muerte, cada vez se iban cobrando más vidas de jóvenes que militaban en Los Montoneros, varios de ellos eran sus amigos, pero a pesar de las pérdidas, ella no podía bajar los brazos, porque eso significaría que se rendía ante el gobierno de facto.
El día anterior a su muerte, el 28 de de septiembre cuando era su cumpleaños número 26, Victoria, junto con su hija de apenas 1 año y 2 meses a la cual no había podido dejarla con alguien más, fueron a una casa que estaba ubicada en la calle Corro n° 105 barrio de Floresta en Capital Federal, donde tenían una reunión y se quedaron a dormir.
Los militares habían hecho investigaciones y descubrieron que en aquella casa se organizaban reuniones. A las siete de la mañana del 29 de septiembre, comenzaron a escucharse en el tranquilo barrio porteño, el ruido de camiones, autos, helicópteros y un tanque de guerra, repletos de militares que con sus altavoces despertaron a todos los vecinos que se encontraban durmiendo y  alertando a los militantes que se encontraban en la casa donde estaba Victoria.
Habían rodeado toda la manzana. Los soldados se posicionaron frente a esta casa, amenazando que si no salían con las manos en alto iban a abrir fuego. En la casa se encontraban los integrantes del Secretariado Nacional montonero, además de Victoria Walsh y su hija, Alberto José Molinas Benuzzi, “Secretario Político”, José Carlos Coronel, jefe de la “Secretaría Sindical”, Ignacio José Bertrán, “Oficial Primero de la organización Montoneros” e Ismael Salame, jefe del “Departamento Territorial- estudiantil de la Secretaría Política”.
Los montoneros aturdidos por lo que estaba sucediendo en aquel momento, se negaron a entregarse y comenzaron a disparar, Coronel, Beltrán y Salame lo hacían desde la planta baja, Victoria y Alberto subieron a la terraza y descargaban  sus metralletas contra los soldados. Este combate duró casi dos horas, en el que de a poco, los militares fueron reduciendo las amenazas, hasta que quedaban solo Victoria y Alberto en la parte más alta de la casa. 
“Vicki”, sin borrar su sonrisa, continuaba disparando a los combatientes, que en primera medida, querían capturar a los militantes con vida y así poder someterlos a extensos interrogatorios sobre la agrupación, descubrir a los  máximos líderes y poder exterminarlos a todos ellos, para continuar con la dictadura de forma tranquila, limitando las libertades de todo ciudadano que se opusiera  a este gobierno de facto, torturando y llevando a la muerte en muchas situaciones, en el caso de que no pudiesen “insertarlos” nuevamente a la sociedad.
En un momento, casi las 8 y 30 de la mañana de aquel día, los soldados dejaron de disparar al instante en que Victoria dejó también de hacerlo y  pudieron verla. Se encontraba con un camisón y en voz alta pero muy tranquila, declara un soldado del Ejército que estaba atacando: “Milicos ustedes no nos van a atrapar, ustedes no nos matan. Nosotros elegimos morir” y segundos después de pronunciar estas palabras, ambos se llevaron la pistola a la cabeza y se dispararon. Minutos más tarde, el Coronel y los militares ingresaron y lanzaron en la planta baja dos granadas para asegurarse que de no haya peligro y un montonero pudiera atacarlos. Al entrar encontraron a los 5 integrantes que yacían muerto en el piso y a la hija de Victoria, sentada en la cama.
Rodolfo Walsh, un día después de la muerte de su hija, escribió “Carta a Vicki”, en la que expresaba su dolor y de la manera en la que se había entrado a través de un comunicado, pero que tanto él como su madre estaban orgullosos de todo lo que había logrado en su vida. Además, luego de tres meses de este triste suceso, redactó otra carta llamada “Carta a mis amigos”, contando acerca de la vida de Victoria y sus últimas horas.
Ella estaba dispuesta a hacer todo para lograr ser escuchaba a pesar de la represión que se sufría en esos años. Al cabo de unos días, en la casa donde había ocurrido la tragedia, apareció pintado el frente, “Aquí murieron cinco héroes montoneros”. Al pasar los años, fueron homenajeados en diferentes lugares, siempre recordando que a pesar de que las fuerzas armadas en algún momento iban a vencerlos, nunca dejaron de resistir hasta el último segundo.

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